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Toledo

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En tiempos del rey don Alfonso VI, hubo en España un capitán llamado Pedro que se decía descendiente de los emperadores Paleólogos de Constantinopla y que auxilió al citado rey en la conquista de Toledo. Este monarca en premio a sus valiosos servicios le dio casas y tierras en los alrededores de la ciudad, por lo cual hizo allí su solar y tomó el apellido Toledo. Y así, en efecto, reconocen como su ascendiente a Pedro de Toledo muchas casas de la actual nobleza española, entre las que se distingue la de los marqueses de Villafranca. Entre esos linajes nobles se puede citar a don Fadrique Alvarez de Toledo, caballero de la orden del Toisón de Oro que sirvió con valor y fidelidad a los Reyes Católicos en las guerras del reino de Granada. Armas: Escudo de quince escaques o jaquetes de plata y azur.

Toledo

Escudo de Toledo

Águila explayada, de sable, timbrada con una corona; sobre el todo, el collar del Toisón de Oro abarcando el escudo cuartelado: primero y cuarto en gules castillo de oro; segundo y tercero en plata un león rampante, de gules.

Heráldica Geográfica

Las Armas de Toledo

Toledo es historia viva de España, lugar de conjunción de tres culturas, árabe, hebrea y cristiana. Ciudad imperial puesto que capital fue del imperio de Carlos I. Con sus puertas y murallas, la principal la de la Bisagra, allí donde campea el escudo del emperador, con el águila del Imperio, Reyes de Armas, el Toisón de Oro y las columnas del «Plus Ultra».

Recuerdos de la ocupación árabe, como la Puerta del Sol, ejemplar único de la arquitectura de aquella cultura. Y el Toledo visigodo y la Puerta de Bab Mardón donde también puede hallarse la lejana huella romana.

No es posible hablar o escribir sobre Toledo sin la mención de un nombre: Zocodover. En esta plaza se ha dado cita, a través de los tiempos, toda la historia de Toledo. Aquí, y no en otra parte, fue arena para fiestas y marco de ejecuciones, aunque nacida para mercado y zoco, en Zocodover palpita la vida de la ciudad.

Toledo, capital de España, desde el reinado de Atanagildo. Visigoda sobre el recuerdo romano. La conquista musulmana que aportó un nuevo aire a la ciudad. El califato, con su numerosa comunidad judía, dos culturas que en lugar de dividirse, se abrazan. Mahometanos, judios y cristianos, conviviendo juntos. Todos en Toledo. Comprensión y tolerancia.

Cada cultura aporta su granito de arena y el resultado es el arte que ha llegado hasta nosotros. Toledo es casi Israel, con sus sabios, sus médicos, sus matémáticos y sus prestamistas.

Y después, Alfonso «el de las Partidas» y con él, Castilla. Atrás quedan las mezquitas y las sinagógas, la solera toledana. Reyes, paz y guerra, santos y pecadores, nobles y truhanes.

Y las aguas del Tajo, transcurriendo plácidas, siguen su curso, silenciosos testigos del devenir de los siglos. Han contemplado a Roma, a la España visigoda, a la dominación árabe, la reconqulista cristiana, la efímera ocupación francesa durante la guerra de la Independencia, su Alcázar en los cercanos días de la guerra civil…

Desde los puentes, pueden verse los restos del pasado romano, del que queda muy poco. Un torreón semiderruido, cabeza del viejo puente.

Por las callejas toledanas paseó el poeta Zorrilla y ante la imagen del «Cristo de la Vega», desclavado y caído uno de sus brazos, concibió, sobre la leyenda, su obra «A buen juez, mejor testigo». Y acaso entre los muros de la catedral, el también poeta, Becquer concibió «La leyenda del Beso»… En la lejanía de los años,don Miguel de Cervantes, en su soledad del mesón toledano, colocó delante de él pluma y papel y de su fértil imaginación brotó «La ilustre fregona».

Toledo se hizo famoso por el temple de su acero. Carlos III ordenó crear en la ciudad una fábrica de espadas que perpetuara la fama de los aceros toledanos. Así nació la que fue Fábrica Nacional de Armas. Como famosos y plenos de belleza son los cigarrales, construcción característica del campo toledano, lugares de recreo, que se alzan en los aledaños de la población.

Pero Toledo no sería Toledo sin la evocación del gran pintor griego Domenico Theotocopuli, llamado «El Greco», nacido en la isla de Creta, en el año 1.541. Hoy, a pesar de la modernidad de los tiempos, continúa causando admiración el hecho de cómo, este extranjero, supo calar en la religiosidad que gravita en el alma española, dotando a sus cuadros de una irrealidad sublime en la estilización de las figuras. Le trajo a España don Diego de Castilla, Deán de la Catedral, al objeto de que decorara la iglesia del covento de Santo Domingo el Antiguo. El gran pintor ya no se movió de Toledo, donde falleció el 7 de abril de 1.614, siendo enterrado en la citada iglesia.

La mención a su más famoso cuadro se hace inevitable: «El entierro del conde de Orgaz», don Gonzalo Ruiz de Toledo.

La tradición afirma que fue éste un hombre muy piadoso, que dedicó grandes sumas al servicio de la Iglesia. El párroco del Convento de Santo Tomé, fue quien encargó al Greco que pintase el sepelio de don Gonzalo Ruiz, en su memoria, apareciendo en el cuadro la presencia de San Esteban y San Agustín, que son las figuras que sostienen el cuerpo del Señor de Orgaz, a causa de la devoción que este les profesó en vida. El alma del noble queda representada en forma de un niño desnudo y es transportada por un ángel.

El Alcázar se trató de una fortaleza militar que fue modificándose a través del tiempo, desde 1.338 hasta 1.551. Palacio de Carlos I y posterior Academia Militar.

Sobre un cerro se eleva el castillo de San Servando. Data del siglo X y sirvió de sede a diversas Ordenes Militares. Desde esta fortaleza puede dominarse toda la vega del río Tajo, y es precisamente sobre este cauce fluvial donde es posible contemplar el puente de Alcántara, de origen romano aunque posteriormente sufrió diversas modificaciones, siendo una de ellas la que efectuó el rey Alfonso X en el año 1.258.

Como sea que los Reyes Católicos también llevaron en este puente algunas modificaciones, en el mismo es posible observar el escudo de dichos monarcas.

Toledo, más que una ciudad, es un inmenso museo del pasado.

Es materialmente imposible recorrer sus calles y callejas sin que la vista no quede prendida en los edificios que testimonian su antigua y no borrada grandeza.

¿Quién no se ha sentido subyugado por las estrechas y retorcidas callejuelas del barrio de la judería? ¿Y quién no ha sentido admiración ante las numerosas muestras del arte mudéjar existentes en esta ciudad que parece hecha para el espíritu, algo muy alejado del total materialismo del cuerpo?

Subiendo y bajando sus cuestas, se van encontrando las casas de las familias nobles, sus escudos de armas tallados en piedra, y así está la Plaza de Padilla, solar de los Padilla, aquellos de las Comunidades, los bravos comuneros que osaran desafiar la autoridad del emperador Carlos I y cuyo orgullo y valor los llevaron a subir al cadalso con la misma entereza que habían combatido en el campo de batalla de Villalar. Y como no todo ha de ser recuerdo guerrero: aquí también se encuentra el solar de la casa de Garcilaso.

En Toledo no puede hablarse de un determinado siglo porque todos están representados: bien en sus edificios de piedra, bien en sus cuadros y escrituras.

Es crisol del tiempo pasado, del actual y del futuro.

La Provincia.

He aquí Escalona con su historia que recuerda los avatares sufridos por la villa. Dominio musulmán hasta que fue reconquistada por Alfonso VII En el año 1.083 el rey Juán II la cedió a don Alvaro de Luna y en 1.470 fue incorporada al patrimonio de la Orden de Santiago. Lamentablemente muchos de sus bellos edificios fueron destruídos durante la guerra de la Independencia.

Es sumamente difícil establecer los orígenes de Illescas. Con certeza lo único que se sabe es que corresponde a una época muy antigua. A la caída del imperio visigodo, fue ocupada por los árabes hasta que fue reconquistada por el rey Alfonso VI. Más tarde, partidaria del condestable don Alvaro de Luna, fue atacada y conquistada por los nobles enemigos de este que no reconocían su autoridad. En 1.519, Illescas, se unió al alzamiento de los Comuneros contra Carlos I. Con una historia así, no es de extrañar que esta villa posea muchos tesoros artísticos, dignos de contemplar.

Al Sudoeste de Toledo, se alza la villa de Lillo. Se trata de una población pujante en industria ganadera y gran riqueza agrícola, destacándose los cultivos de cereales y olivos. Un poco más lejos, a sesenta y ocho kilómetros de la capital, se encuentra Madridejos, eminentemente agrícola, con cereales, olivos y vid, así como una buena industria ganadera. Navahermosa, con una riqueza semejante a la anterior, población tranquila y plácida.

En la Edad Media, la villa de Ocaña pasó del dominio musulmán al del rey Alfonso VI de Castilla como dote ofrecida por el rey árabe al de Castilla por el matrimonio de su hija. Tiempo después fue señorío de la Orden de Santiago. En el año 1.809, con ocasión de la guerra de la Independencia, se libró allí la batalla que lleva su nombre, entre las tropas españolas y las invasoras francesas.

El famoso cuadro «El entierro del conde de Orgaz», pintado por el Greco, está íntimamente ligado a la villa de este nombre, erigida en Condado que fue concedido por Carlos I a don Alvár Pérez de Guzmán. Situada al sureste de Toledo es una comarca muy rica en agricultura, así como en ganadería. Más lejos, a la derecha del río Tajo se alza Puente del Arzobispo, separada más de cien kilómetros de Toledo, una de las provincias más extensas de España, y en la dirección sureste, Quintanar de la Orden, población muy industrializada, tanto en el sector alimentario como en el de la construcción.

Para conocer el origen de Talavera de la Reina, habría que remontarse a la época romana. Su nombre parece ser que lue el de Caesorobriga. Reconquistada a los árahes por Alfono VI y tras diversas visicitudes, Talavera fue el escenario de la batalla que lleva su nombre entre el Ejército anglo-español y el francés, en la guerra de la lndependencia. Su bien cimentada fama se debe a sus magníficas cerámicas.

Al noroeste de Toledo, se levanta la villa de Torrijos, población industrial, agrícola y ganadera, con estimable producción en materiales para la construcción.

La provincia de Toledo es una de las más extensas de España, como hemos dicho, sus campos ofrecen múltiples contradicciones, desde la altiplanicie, hasta la llanura, las estribaciones montanosas, pasando por pinares y altas cumbres. Tierra de castillos en Oropesa, Maqueda y Escalona. De vera feraz en la zona talaverana y la solera de Puente del Arzobispo. Con la Colegiata de Torrijos, la torre de Tembleque, la presencia de los Infanzones de Illescas, el senorío de Orgaz, las monterías en Los Yebenes y los molinos del cerro Caldérico. El sol de castilla hoy, al igual que en el pasado, continúa dorando la región toledana.

Detalle de «El Entierro del conde de Orgaz», obra maestra de Domenico Theotocopuli.