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Sevilla

Sevilla

Se trata de un linaje de real estirpe que tomó este apellido porque su progenitor el rey don Fernando «el Santo», reconquistó en el año 1.248 la opulenta ciudad de Sevilla para las armas cristianas. La casa de Sevilla tiene esta genealogía, de la que pueden enorgullecerse sus descendientes. El primero fue el rey Fernando que casó con doña Beatriz, hija de don Felipe, emperador de Alemania, y de este regio matrimonio nacieron, además de los otros hijos, el rey, don Alfonso «el Sabio» y el infante don Enrique.

El infante casó con doña Juana Núñez de Lara, nieta por línea materna de don Diego López de Haro, decimoséptimo Señor de Vizcaya y de este enlace nació don Enrique Enriquez de Sevilla. De este príncipe, después de haberse entroncado sus ilustres descendientes con las casas de Medina Sidonia, Arcos, Cangas, Tineo, Braganza y otras de la primera grandeza, fue noveno nieto por línea recta don Baltasar Alfonso Enrique de Sevilla, Anaya y Sotomayor, Caballero de la Orden de Santiago, Alcaide de Montanchez, Marqués de Villalva de los Llanos y Gentilhombre del rey don Carlos II.

Este nombre de Sevilla, pasó a las Indias con los primeros conquistadores españoles hasta el punto que Juan de Salinas, fundó, a unos trescientos kilómetros de Quito, la ciudad de Sevilla del Oro.

Entre los miembros de este apellido, cabe citar a Juan de Sevilla Romero y Escalante, famoso pintor, de estilo barroco, nacido en 1.643 en Granada, uno de los representantes más caracterizados del foco cultural granadino. Su pintura aparece un tanto influenciada por el estilo de Rubens. Casi todas sus pinturas se encuentran en la ciudad de Granada, a excepción de la llamada. «El rico Epulón y el pobre Lázaro», que se halla en el Museo del Prado, de Madrid, y el «Descanso en la huida a Egipto», que se exhibe en el Museo Nacional de Budapest, en Hungría.

Las armas de este linaje son iguales a las de Castilla y León, dado su origen real.

ARMAS:

Escudo cuartelado; lº y 4º; leones rampantes, de gules sobre campo de oro y 2º y 3º; castillos de plata, sobre campo de gules.

Sevilla

Escudo de Sevilla

En campo de azur tres figuras sentadas, representantes del Estado y de la Iglesia con los atributos de su poder; al pie y el poder temporal y el poder eclesial. En punta, símbolo anagramado y la palabra NODO.

Heráldica Geográfica

Las armas de Sevilla

Junto al río Guadalquivir, finalizado su tramo navegable se encuentra una ciudad, Sevilla. Es el único puerto fluvial de España en donde se exportan minerales y productos agrícolas. Sevilla es el primer centro fabril de Andalucía con gran número de industrias, químicas, textiles, metalúrgicas, construcción, tabaco y alimentarias.

¿Cuál fue su origen y en que época de la historia se encuentra el punto de partida de la población?

Parece ser que fue fundada por los turdetanos. Pero aquí, en este punto, siempre sale a flote una pregunta: ¿Estuvo aquí la capital del imperio Tarteso?. La pregunta continúa sin contestación por lo poco que se sabe de aquella antiquísima civilización. Unos situan dicha urbe en el lugar que ahora ocupa Sevilla y otros, los más las trasladan más hacia el sur, más cerca del mar, en Cádiz, la antigua Gaes.

Hacia el año 800 fue conquistada por los griegos (antes de J.C.) y en el 300 (antes de J.C.) cayó en poder de los cartagineses. En el 205 fueron los romanos los que se apoderaron de la población, a la que bautizaron con el nombre de Hispalis. Y en el 69 (antes de J.C.) la población acogió a un visitante ilustre: Julio César.

Más tarde, en el 411, fueron los vándalos los que se hicieron dueños de la ciudad, pero duraron poco porque en el 429 fueron expulsados por los suevos, que, a su vez, cedieron el puesto a la España visigoda.

Hermenegildo se sublevó contra su padre Leovigildo, buscando la alianza con suevos y bizantinos, tradicionales enemigos de los godos.

Se hizo fuerte en Sevilla, pero ante el mayor Ejército de Leovigildo, la ciudad no tuvo más remedio que capitular y Hermenegildo se trasladó a Córdoba donde fue capturado para llevarlo a Tarragona donde su padre Leovigildo no tuvo en cuenta para nada el hecho de que se tratara de su hijo y lo hizo ejecutar, no sin antes haberlo sometido a crueles martirios. Por su violento fin, la Iglesia Católica lo elevó al santoral en el siglo XVI.

Llegó el año 711 y los árabes, en su invasión de la Península Ibérica, se apoderaron de Sevilla. Posteriormente, tuvo que sufrir el saqueo efectuado por los normandos para sufrir una nueva invasión, la de los almorávides (1.091) con lo que se inició un período de decadencia.

Pero con el devenir de la historia ocurrió que en el año 1.146 pasó a poder de los almohades lo que fue una gran suerte para la ciudad que restableció su antiguo poder económico, comercial y artístico, hasta el punto que en 1.184 se comenzó a construir la mezquita, con su torre (lo que hoy es Giralda). Por cierto, esta mezquita de la que se dice que era mayor y más esplenderosa que la de Córdoba, fue destruída por la dominación cristiana para, en su lugar elevar la catedral con lo que sólo quedó en pie la torre del almuedano, hoy Giralda, y una puerta que da al Patio de los Naranjos, y en 1.220 se llevó a cabo la construcción de la Torre del Oro que, por fortuna, se conserva.

El rey Fernando III puso sitio a la ciudad que resistió durante quince meses hasta que el 23 de noviembre de 1.248 fue conquistada por las huestes cristianas, dando fin a la dominación árabe. Y con esta conquista, se llevó a cabo la repoblación de Sevilla mediante la llegada de castellanos, catalanes, genoveses y judíos, dividiéndola en 24 barrios o parroquias. El rey Alfondo X fue proclamado en Sevilla y a él se debe la concesión del escudo de la ciudad. Por cierto, las palabras No-Do que figuran en dicho escudo desorientan y confunden, los que no saben su significado que es «No me ha dejado», en escritura jeroglifica «No madejado» por ser el signo del centro una madeja. Dicho escudo fue una muestra de agradecimiento del rey citado por haber permanecido Sevilla fiel a su soberanía en una insurrección que tuvo lugar en sus dominios. La divisa es, pues, esta, la declaración real de que la ciudad no le había dejado abandonado.

Tras el descubrimiento de América, Sevilla adquirió una gran importancia detentando el monopolio del comercio con las nuevas tierras canalizado a través de la Casa de la Contratación. A través de Sevilla llegaban a España los productos americanos, especialmente el oro del Perú y la plata de Potosí al tiempo que afluían a ella todos los productos destinados al Nuevo Mundo. Como consecuencia de esto, Sevilla se convirtió en el centro comercial más importante de Europa, convirtiéndose en la ciudad más poblada de España. Pero este auge cayó en decadencia con el traslado del monopolio a Cádiz y los decretos de libre comercio dictados por Carlos III.

Como efémeride para los aficionados a la tauromaquia, diremos que en 1.760 se llevó a cabo la construcción de la Plaza de Toros, a cargo de la Real Maestranza de Sevilla, a la que se conoció como la «del Baratillo».

Con anterioridad, la población tuvo que sufrir una epidemia que diezmó a sus habitantes y que a las 9 horas del día 1 de noviembre de 1.755, padeció también repercusiones de un gran terremoto, conocido como el «Terremoto de Lisboa».

Durante la guerra de la independencia, la ciudad reclutó tropas que, al mando del general Castaños lograron la victoria de Bailén sobre el también general francés Dupont.

Los sevillanos que desconocían la fiebre amarilla trabaron conocimiento con ella en una epidemia que azotó la ciudad en el año 1.821.

De su pasado de esplendor, las construcciones más antiguas, datan de la época musulmana. De la muralla, en tiempos de los almorávides, desatacan las Torres del Oro, y la de Torreblanca.

De la gran mezquita edificada en el siglo XIII, que constaba de dieciseis naves, lo único que queda es lo anteriormente reseñado, el Patio de los Naranjos y la Giralda, aunque esta fue posteriormente modificada en su parte superior. El Alcázar, cuya construcción se inició en el siglo XII corresponde al estilo mudéjar en su mayor parte.

La catedral (siglo XV) situada en el lugar que ocupó la antigua mezquita, destruida por las huestes cristianas, es un ejemplo de la arquitectura gótica religiosa de su tiempo en España. Es de lamentar la ceguera y fanatismo de los conquistadores que destruyeron una joya arquitectónica, hurtándola a la generaciones sucesivas.

La catedral sevillana es una obra de arte de primer orden, pero bien pudo edificarse en otro lado, dejando la mezquita en pie.

La casa de las Dueñas, con yeserías mudéjares, la Casa de Pilato, prototipo del palacio andaluz, el Ayuntamiento, mezcla de gótico y renacimiento, la Universidad, el Archivo General de Indias, etc.

Como dato anecdótico cabe señalar el monumento a don Miguel de Mañara, sito en el Hospital de la Santa Caridad, fundado por él en el año 1.664, de este noble se dice que se inspiró el poeta Zorrilla para escribir su obra «Don Juan Tenorio» dado que en su juventud llevó una vida altamente licenciosa.

Es posible que Tirso de Molina bebiera también en esta fuente para su obra «El Burlador de Sevilla». La leyenda afirma que Mañara una noche, en una calleja sevillana, contempló su propio entierro, lo que le hizo recapitual y arrepintiéndose de cuantos pecados, que eran muchos, llevaba sobre su conciencia, convertirse en un virtuoso dedicando su existencia a socorrer a los necesitados y pobres de solemnidad para los que hizo construir, a sus expensas, el citado hospital, reposando sus restos en la iglesia del mismo.

Los aficionados a las corridas de toros pueden ver el monumento que la ciudad de Sevilla erigió al diestro «Gallito» muerto por un toro de Mihura, de nombre «Bailaor» en la plaza de Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1.920, obra del escultor Mariano Benlliure.

Existen muchísimos más monumentos en Sevilla, tales como la estatua dedicada al Cid Campeador, el monumento a don Luis Díaz, el héroe de la guerra de la Independencia en el levantamiento de Madrid el día 2 de mayo de 1.808, al pintor Zurbarán, a Velázquez, a Murillo, al descubrimiento de América, al rey Fernando el Santo, al poeta Gustavo Adolfo Becquer, etc. La lista sería innumerable.

Al hablar de Sevilla, se hace imprescindible referirse a su famosa Semana Santa, uno de sus principales atractivos turísticos, con su solemne desfile de Cofradías, así como la no menos célebre Feria de Abril, sin parangón en su inimitable estilo, verdadero estallido de luz y color, con su bello espectáculo del desfile de jinetes y amazonas con sus caballos enjaezados a la andaluza, con sus troncos de caballos de las razas más puras.

En su provincia debe mencionarse a Utrera, villa muy antigua a la que los romanos denominaron «Utricola» y los árabes «Gatrera», reconquistada a mitad del siglo XIII, población opulenta entre todas las ciudades de Andalucía la Baja. Santiponce, cuyos orígenes se remontan a su primitivo lugar, en un islote del Guadalquivir llamado Hierro que, a conscuencia de la riada del 30 de noviembre de 1.595 desapareció, de forma que los escasos supervivientes tuvieron que elegir otro emplazamiento para su anterior villa, Umbrete, de origen turdetano, Villanueva del Rio, la antigua «Flavia» romana, Puebla del Río, a quien Alfono X otorgó privilegio rodado, Osuna, cuyas primeras noticias sobre su origen se remontan a los pueblos ibéricos, y se la conocía con los nombres de «Orsona», «Ursan», «Germina Urbunarum», aunque el nombre más aceptado por los eruditos es el de «Urso».

De todos modos, lo que sí está comprobado es que ya existía 45 años antes de J.C. Guadalcanal, de quien se señala a los celtas como sus primeros pobladores, Morón de la Frontera, de una antigüedad grandísima, poblada por pueblos celtíberos, Marchena, la «Colinia Martia» romana cuyo origen se achaca a Julio Marco, o Marco Marcelo; Estepa, conocida en la antiguedad como «Ostipo» o «Astepa» que en el año 208 antes de J.C. llevó a cabo una hazaña semejante a la de Sagunto; Ecija, de origen celtibérico, sometida a los fenicios y posteriormente a los cartagineses. Los romanos la llamaron «Astigi» y fue sometida por el general Lucio Marco, que cambió su nombre por el de «Larita Julia». Su escudo es un sol cuyos rayos son todo el campo del mismo, y tal vez por ello, se le atribuyen las mayores temperaturas de la región y es llamada «la sartén de Andalucía» y Constantina, de origen celta, conocida por los romanos con el nombre de «Constancia Julia», Coria del Río, de la época fenicia conocida con el nombre de «Caura», cuya traducción parece ser «lugar de pesca», Carmona, cuyo nombre parece derivarse de la palabra orientar «Carm», Camas, de origen árabe, Alcalá de Guadaira, cuyo nombre antiguo fue el de «Henipa».

«Ver Napolés… ¡y a morir!» decía un napolitano y contestó un sevillano «Ver Sevilla… ¡y a vivir!».

La universalmente famosa Giralda de Sevilla que originariamente fue el alminar de una mezquita almohade que mandó construir el emir Abú im Jacub o Yacub.