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Ramírez

La estirpe de la Casa Ramírez

Su origen, historia y hechos

Se trata de un apellido castellano, casi exclusivamente madrileño, ya que fue en esta villa donde mantuvo su solar primitivo desde mucha antigüedad.

Esta casa procede de don García, o Gracián, Ramírez, Señor, entre otros muchos, del castillo de las cuestas de Rivas, sobre el río Jarama, primer gobernador, alcaide y capitán de Madrid, fundador de la ermita y capilla de Nuestra Señora de Atocha.

Estamos tomando la información del cronista Pellicer, que a lo anterior añade algo un tanto sorprendente: nos habla de un milagro pues dice: «Fundador de la ermita y capilla de Nuestra Señora de Atocha que obró con su mujer y sus hijas, aquel estupendo milagro de resucitarlas, tan sabido en las historias y que hoy se ve pintado sobre la puerta de su devotísimo y venerable santuario. No consta en que año, ni en que reinado, sucediese este caso, y el autor de este memorial no se conforma, con lo que lo pone muy cerca de la pérdida de España, o poco después, pues es más verosímil que fuese antes de la conquista de Toledo». En este punto don Francisco Piferrer hace una observación muy atinada: «Sin duda, Pellicer, se refiere a la conquista de Toledo por los moros». Pero sigamos con el milagro: «Lo que no parece ofrecer duda es que los descendientes del famoso don Gracián Ramírez conservaron en Madrid su nobleza en los heredamientos de Rivas, parte de su antiquísimo patrimonio, con el patronazgo de la ermita de Nuestra Señora, en cuyas paredes se hallaron largos años después esculpidas sus armas».

Juan Ramírez fue hijo del anterior y fue ricohombre del rey don Alfonso VI. Detrás vino otro del mismo nombre y apellido, para dar paso a don García Ramírez, padre de don Diego Ramírez, Señor de la villa de Madrid, que fue ricohombre del rey Fernando IV.

Encontramos también a don Hyab Ramírez, que vivió en el reinado de don Enrique II, teniendo por hijo a otro don Diego Ramírez, a quien hizo matar el rey don Pedro, llamado, «el Cruel». Como no constan los motivos para que el citado monarca tomara tal determinación, es de suponer que se tratara de que el tal don Diego fuera partidario del Conde de Trastámara, el hermano bastardo de don Pedro, que luchó con este por el trono de Castilla, lo que consiguió mediante la alevosa muerte que dio al monarca castellano en los campos de Montiel cuando su lacayo, el mercenario francés Dugesclin atrajo a don Pedro a traicionera trampa.

Habrá que retroceder un poco, para volver al fundador, don Gracián Ramírez. Según Piferrer, en su obra, «Reinos y Señoríos de España», conviene en que este caballero pudo ser el origen del linaje Ramírez, aclarando que vivió en el siglo VII y defendió valerosamente la villa de Madrid contra el ataque de los moros y aunque derrochó arrojo y valentía, no pudo impedir que la citada villa cayera en poder de los sarracenos. Pero el citado tratadista añade que no dejó que los moros gozaran en paz con su conquista porque los tuvo en continua zozobra con sus repetidos ataques y continuas correrías, hasta que en el año 720, se determinó a asaltar la villa con tal arrojo y valentía que se apoderó de ella, reconquistándola del poder de los moros, a los que hizo huir, viéndose así en posesión de Madrid aunque pasado algún tiempo, los sarracenos tornaron a ocuparla.

Añade Piferrer que no es de extrañar que todos los caballeros llamados Ramírez se sientan orgullosos de su ilustre antepasado.

Continuando con la genealogía de los Ramírez, llegamos a don Francisco Ramírez, que fue uno de los más esforzados caballeros de su tiempo, Capitán General de Artillería, Alcaide de la Fortaleza de Salobreña, en el tiempo de los Reyes Católicos. Fue fundador de muchos monasterios, capillas y hospitales, pues era hombre de corazón generoso, hermanando así, su intensa piedad, con el ardor con el que combatía a los enemigos de la fe, siendo en este último caso un esforzado guerrero, que ni daba ni pedía cuartel a los moros. Y entre las muchas acciones de guerra en las que participó, puede citarse la conquista de la ciudad de Málaga donde fue el primero en alzar la enseña de Santiago en lo alto de la segunda torre, ya que la alcanzo antes que nadie, por lo que recibió una herida en plena cabeza, pero no grave. Y ante su arrojo, valentía y audacia, fue armado caballero por la propia mano del rey Fernando «el Católico», quien como señal, para que las sucesivas generaciones pudieran recordar tan admirable hecho de armas, le autorizó a añadir a su escudo el mismo puente y torre que conquistó con tanta valentía.

Fue este mismo caballero quien casó con una dama de reconocida piedad llamada doña Beatriz Galindo, camarera mayor y consejera de la reina doña Isabel «la Católica», y que fue también la maestra de la lengua latina a su egregia discípula, por lo que fue conocida por el nombre de «La Latina».

Esta piadosísima dama fue la fundadora del Hospital que, aun en tiempos modernos, se ha llamado hospital de «la Latina» y para los nacidos en Madrid que esto lean, ya quedan impuestos del motivo del por qué, uno de los barrios de Madrid, lleva dicho nombre: «La Latina» y a quien es debido.

De esta casa de Ramírez surgieron varias ramas, siendo una de ellas la también muy noble de los Ramírez de Arellano: don Juan Ramírez, Señor de Arellano en Navarra y de los Cameros, en Castilla, fue privado del rey con Carlos II y tuvo por hijo a don Juan Ramírez de Arellano que murió en la batalla de Aljubarrota en Portugal.

Uno de sus descendientes, don Alonso Ramírez de Arellano, fue el primer Conde de Aguilar. Y de esta rama fue Diego Ramírez de Arellano, nacido en 1.633 marino y cosmógrafo que tomó parte en las expediciones de los hermanos García de Nodal al estrecho de Magallanes y fue el descubridor de las islas que, aún hoy, llevan sus nombre: islas de Diego Ramírez.

De los Ramírez que pasaron a América, y de la rama de los Fuenleal consta don Sebastián Ramírez de Fuenleal, prelado, que fue administrador colonial y designado Presidente de la Audiencia de Santo Domingo, así como Obispo de Santo Domingo y de Concepción de la Vega. Organizó la administración de Nueva España, a la que fue trasladado por la buena actuación realizada en Santo Domingo, y cuando aquel país se constituyó en virreinato, cesó en el cargo de presidente de su Audiencia, regresando a España.

Como armas, traen: Escudo de oro, una encina de sinople, con un león empinante al tronco. Bordura de gules y ocho aspas de oro.