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Oñate

Oñate

No existe la menor duda, absolutamente todos los autores se muestran de acuerdo en que se trata de un noble linaje guipuzcoano que tuvo su primitiva casa en la villa de Oñate, cuyo nombre tomó aunque en principio se denominara casa de Izurrategui. Esta palabra, según el filólogo Michelena, en vasco significa «sitio de pasto».

Las ramas generales de esta familia son las que describimos, pero conviene citar también que por una Real Cédula despachada en Sevilla, en el año 1.541, el emperador Carlos V concedió a don Pedro de Oñate, vecino de la ciudad de Cuzco, en el Perú, como premio a sus servicios en la conquista de aquel Reino, el derecho a usar armas distintas, que fueron: De azur, con tres estrellas de oro, puestas en triángulo. Bordura de gules con cinco sotueres de plata. Hubo otros Oñate que no procedían de la casa de Izurrategui, aun siendo también de la villa de Oñate, sino de la de Idígoras, y adoptaron el apellido toponímico denominándose Oñate de Idígoras. De esta casa fue don Martín de Idígoras que sostuvo pleito a su derecho a llamarse asimismo Oñate, ante el Consejo y que ganó, reconociéndosele su hidalguía. Los Oñate de la primitiva casa de Izurrategui se extendieron por Navarra y fueron numerosos los miembros de esta casa que, tras de efectuar las debidas pruebas, obtuvieron reconocimiento de hidalguía y limpieza de sangre.

Pero sin duda el personaje más famoso de este linaje fue don Cristóbal de Oñate, conquistador de Nueva Galicia, nacido en 1.504, en la ciudad de Vitoria, que pasó a América en 1.524 y entró en el territorio chimalhuacano formando parte del ejército de don Nuño de Guzmán, tomando parte en numerosas expediciones y conquistas, entre las que destacan las fundaciones de poblaciones como Compostela, Tepic, Guadalajara y Zacatecas. Fue nombrado por tres veces Gobernador y Capitán General del llamado Reino de Nueva Galicia. Falleció en el año 1.584 dejando ilustre sucesión en tierras americanas.

ARMAS:

En oro, un ciervo de su color, corriendo sobre un trigal de sinople con espigas de oro, sumado de un águila de sable que clava sus garras en su lomo.