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León

León

Parece ser que este linaje tomó el nombre de la ciudad así nombrada, León. Pero aquí los genealogistas buscando los datos de más remota antigüedad hace que algunos achaquen la fundación de esta población a los cartagineses y le dieran el nombre de una ciudad que ellos tenían en África y que se llamaba Eliona cuya palabra se mudó, con el transcurso del tiempo, en León.

Otros creen que este nombre derivó del rey godo Leovigildo. Ahora bien, la opinión más generalizada y la que ofrece mayor grado de veracidad es aquella que se refiere a que, la ciudad de León fue fundada por una de las legiones que envió a España el emperador Trajano y que de la palabra «legión» se formó la de León.

Pocos años después de la ocupación por los moros, la recuperó don Pelayo y con el fin de que estuviera bien guardada y protegida, hizo dicho encargo a uno de sus más valerosos guerreros el cual tomó por apellido el nombre de la ciudad transmitiéndoselo a sus descendientes, al igual que sucede con tantos y tantos apellidos que lo tomaron del nombre de algún lugar cuyo señorío poseyeron sus antepasados. Viene, pues, el linaje de León desde una antigüedad que data de los tiempos del caudillo don Pelayo, pero en el curso de tantísimos siglos, este linaje se ha ido dividiendo en numerosas ramas que se extendieron no sólo por España, sino por las Indias.

Uno de sus más antiguos solares fue el lugar de Ruicio de Tapia, en las montañas del mismo reino de León, de donde procedió don Gonzalo de León, que en el año 1.541, pasó al reino de Nueva Granada, en América. Tomó parte en numerosos combates contra los nativos, fue gobernador de la provincia de Muso y finalmente, Alcalde de la ciudad de Santa Fe. El apellido fue entroncándose con otros nobles linajes, entre los cuales es imposible obviar al descubridor de la Península de la Florida, el célebre conquistador don Juan Ponce de León.

ARMAS:

Escudo de plata y un león de gules.

León

Escudo de León

En campo de plata, un león rampante de púrpura, con corona de oro.

Heráldica Geográfica

Las armas de León

Fue León, el refugio de los últimos españoles que resistían heróicamente el rápido y feroz avance de las tropas invasoras musulmanas, y que optaron por retirarse a las inaccesibles montañas de esta bellísima zona de España, hacia la zona de los Picos de Europa en donde está el único paso entre las montañas, hacia Cangas de Onís y Covadonga, para cuando consiguieran recobrarse de las terribles pérdidas, en bienes y hombres, que habían sufrido, tomar la contraofensiva e iniciar la Reconquista de sus tierras y de sus hogares. Labor esforzada y dura que habría de durar ocho siglos.

Pero la Reconquista, iniciada en esos picos del reino asturleonés, no fue sólo una guerra de dos culturas que se enfrentaban por un botín, sea en tierras o en dominios; fue, por su duración de más de ochocientos años, una forma, a veces, de convivencia, de colaboraciones, de mezcla de las tres razas imperantes; y sobre todo, fue la forja de un país, de un estado, de la personalidad de un pueblo, luego odiado y temido, que supo llegar a ser el imperio mayor de la tierra, capaz de descubrir, colonizar y llevar su cultura alrededor de todo el globo terraqueo. Primero se formó el reino conjunto de Asturias y León, que reunía ambos territorios, aunque ya en el año 915, Ordoño II, se tituló rey de León, y este reino fue incorporado, después, a la Corona de Castilla por el rey don Fernando, aunque volvió a separarse en el siglo XII, y en el XIII quedó unido definitivamente a Castilla bajo el rey Fernando III.

Sus armas, que constituyen uno de los cuarteles del escudo de la nación española, por haber sido por siglos cuartel del escudo de la monarquía española son las del león rampante de púrpura, linguado de gules, coronado y uñado o armado de oro, en campo de plata.

De la «Historia de los Señoríos y Reinos de España», de don Francisco Piferrer, entresacamos los siguientes datos.

Según se dice en dicha obra, aunque está bien claro que su autor no le concede el menor crédito, se pretende por algunos, que la ciudad de León «fue fundada por Mercurio Trigemistro, rey y legislador de Egipto, cuando acá aportó, año del mundo criado 2.420, antes de nuestra redención, 1.541, nombrándola Sublancia».

Naturalmente un erudito como Piferrer tenía que hacer alguna observación al respecto. La hace, al decir que: «hemos indicado varias veces en el curso de esta obra nuestro dictamen con respecto a los pueblos cuyo origen y fundación se fijan en los tiempos míticos o se atribuyen a personajes alegóricos; es indicio cierto de que se ignora su verdadero origen y casi cierto que su fundación se debió a los primeros pobladores de España, es decir, a Tubal o sus inmediatos sucesores».

Nosotros opinamos lo mismo. Resulta casi absurdo pretender que los egipcios estuvieron en España fundando ciudades en tiempos faraónicos.

Lo que si está debidamente comprobado es que esta población, la fundara quien la fundara, quedó desierta y en total abandono hasta que, con la llegada de los romanos a España, la Séptima Legión de las catorce compañías germánicas enviadas por el emperador Trajano a que los romanos denominaban Hispania, en el año 104, comenzó a organizarse, tomando por punto de partida un campamento militar, una población a la que denominaron «Legio».

Pero, naturalmente, siempre existen las discrepancias y en este caso no podían faltar lógicamente, hay quien atribuye la fundación de León, no a los romanos, sino a los cartagineses quienes, según los que esto sostienen, la denominaron «Eliona», en memoria de cierta provincia o ciudad suya en Africa, y que de «Eliona», se formó el nombre de León.

Y no acaba aquí la cosa, porque todavía hay quien opina que no se trata de romanos ni de cartagineses, sino que la fundación de León se debe al rey godo Leovigildo. En lo que se refiere a la provincia de León, mencionaremos a Astorga cuyo origen como ciudad, no está claro del todo, ya que existen dos versiones; pero ambas adolecen del mismo defecto: carecen de la más mínima rigurosidad histórica y entran en el campo de la fantasía.

Decir, como opinan algunos, que la fundaron los asirios y asignar a éstos la ocupación de lo que con posterioridad fue el reino de Galicia, nos parece un absurdo total.

¿En qué época y bajo qué circunstancias estuvieron los pueblos del Eufrates en la Península Ibérica?

Que sepamos, no existe ni el menor indicio de que tal cosa pudiera suceder, ni entre los diversos pueblos y razas que han pasado por la antigua Hispania de los romanos, ni antes ni después de la llegada de estos, se cita a los asirios.

La segunda versión afirma que Astorga fue fundada por un capitán griego de nombre Astir o Astur, que era compañero de Eneas, los cuales navevando hacia Occidente después de la guerra de Troya que finalizó con la destrucción de aquella ciudad, se quedó Eneas en Italia y Astur siguió hasta España, fundando no sólo la ciudad de Astorga, sino Asturias, a la que dio su nombre.

Naturalmente que ni podemos, ni debemos, dar el menor crédito a semejantes opiniones que tienen una intensa influencia a Mitología griega infundada, dado que ni siquiera está comprobado históricamente que el personaje Eneas existiera en realidad.

Así que, en lo que a nosotros respecta, rechazamos ambas versiones y si las hemos reproducido ha sido por que no deseamos dejar de consignar todo aquello que se refiera a determinada ciudad. Estas versiones no son dudosas: la documentación de la que las hemos extraído está al alcance de quien lo desee.

Más crédito merece la tercera versión que asigna a los romanos la fundación de Astorga. Eso si está históricamente comprobado.

Las legiones romanas se asentaron en todo este territorio y fundaron una población a la que dieron por nombre Astúrica Augusta, población a la que concedieron mucha importancia, haciéndola centro de todas sus expediciones militares y colonizadoras en la península.

Esto no sólo es creíble, sino que, casi con toda seguridad, fue lo que ocurrio.

Más tarde, la llegada de los invasores musulmanes hizo que estos ocuparan la villa, hasta que el caudillo don Pelayo la reconquistó en el año 728.

Pero fue una ocupación efímera porque los sarracenos tornaron a apoderarse de la población hasta que, en el año 747, se tomó definitivamente por el rey don Alfonso, «el Católico», quien, en acción de gracias, hizo construir la iglesia mayor, siendo este templo uno de los primeros que se levantaron en los tempranos tiempos de la Reconquista.

Pero Astorga tuvo que sufrir la plaga de las continuas guerras que acabaron por arruinarla.

El Rey Ordoño I, la reedificó en el año 851, encargando la obra al conde don Gastón, Senor del Bierzo, tronco de la familia Barrientos.

Cea, situada no muy lejos de la villa de Sahagún, asentada sobre ásperos peñascos, en las márgenes del río de su nombre.

Las noticias que se tienen sobre esta población parten todas de la época medieval.

Parece que se trata de un antiguo poblado íbero, pero nada puede asegurarse, con exactitud, al respecto.

Sahagún, villa en la que sufrió martirio San Facundo, hecho por el cual, la piedad de los cristianos levantó allí un monasterio, muy célebre, tanto que, con el paso del tiempo, mereció grandes mercedes de los Reyes de Castilla y de León. Sobre el origen de su nombre, algunos pretenden que se deriva del nombre del santo, Facundo, que se fue alterando, porque en un principio, esta villa se denominó Sanctis Facundus, luego San Fagundo, más tarde San Hagundo, etc. etc. hasta que quedó definitivamente conformado como Sahagún.

Valencia de Don Juan, que, como en otros tantos casos, se afirma que se trata de una población antiquísima, pero se ignora, o al menos a nosotros no nos consta, ni hemos podido encontrar la documentación que indique la fecha de su fundación, ni quienes pudieron ser sus primitivos habitantes.

Puede ser que se tratara de algún poblado celtíbero, pero nada puede asegurarse al respecto. Como también el dato de que en sus primeros tiempos se dice que se llamó Goyaca, nombre que debió ser muy circunstancial, sin que perdiera el Valencia, o quizás algún otro sumamente parecido, el cual ha debido llevar desde su fundación. Se habla de que primero se debió llamar Valencia de Campos, por estar situada la población en Tierra de Campos y que más tarde, se denominó «de Don Juan», por haber sido Duque de esta villa el infante don Juan, hijo del rey don Pedro, de Portugal.

Quizás esta versión sea la correcta, pero, en lo que a los autores de este trabajo respecta, nada podemos garantizar, ateniéndonos siempre, rigurosamente, tal y como venimos haciendo, a los datos históricamente comprobados.

Esta inigualable muestra del arte románico, es el fresco del techo del Panteón de los Reyes de la iglesia de San Isidoro en la capital de León. Representa la anunciación a los pastores y se calcula es de finales del siglo XII.