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Fuertes

La estirpe de la Casa Fuertes

Su origen, historia y hechos

Es un hecho absolutamente constatado que el primitivo solar de este linaje radicó en Asturias. Es muy antiguo y su origen se remonta a los tiempos del rey don Alfonso, «el Casto», pues este monarca mandó edificar un castillo o casa fuerte en el año 798, en el concejo de Cangas, cuando triunfantes las huestes cristianas, en la batalla de Lutos, quiso poner el territorio reconquistado a salvo de posibles ataques musulmanes deseosos de recobrar lo perdido.

Este rey, cuya fama de prudente ha llegado hasta nuestros días, no ignoraba que la posición de las plazas fronterizas era muy importante y convenía colocar al mando de las guarniciones, que en ellas fue dejando, a hombres que fueran no sólo de su entera confianza sino también experimentados guerreros. Así lo hizo, otorgándoles, a cambio, el privilegio de que las fortalezas que dejaba a su custodia, quedaran convertidas en solar para sus descendientes.

Una de las familias elegidas por el monarca fue aquella que tomó el apellido Fuertes, adoptándolo del sobrenombre con que eran conocidos sus caballeros, que siempre demostraron su fortaleza en cuantas batallas tomaron parte por lo que eran conocidos como «los fuertes».

De cómo cumplieron los miembros de este linaje las órdenes del rey y resistieron los furiosos ataques de los moros, puede leerse en varios pasajes de la obra de José Trelles «Asturias Ilustrada», donde consta el importantísimo papel que durante mucho tiempo han hecho los individuos de la casa de Fuertes. También puede encontrarse memoria de sus actos en los Archivos de la Catedral de Oviedo, en la iglesia de San Juan de Coria y en otros numerosos archivos del antiguo Principado de Asturias.

Una de las ramas de este linaje fue a establecerse a fines del siglo XVI en Cisneros y no fue menos fecunda que la del tronco original en lo que se refiere a esclarecidos varones.

Don Pedro de Fuertes fue Secretario de Cámara del Ilmo. Arzobispo de Valencia.

Don Julián, un hermano suyo, fue, muchos años, tesorero oficial real de minas de Timapán, en Méjico. Sus servicios que debieron ser muy valiosos fueron premiados al otorgársele el título de caballero de la Muy Real y Distinguida Orden de Carlos III expedido en 17 de junio de 1.792. Hubo un tercer hermano, don Francisco, que fue secretario del Virrey de Méjico y murió siendo Administrador y Tesorero General de todas las rentas de S.M. en el reino de Valencia.

Otros miembros de este apellido participaron, desde muy pronto, en la conquista del continente americano, de lo que hablaremos más adelante. Don José de Fuertes Michel abrazó la carrera diplomática, formando parte de varias legaciones para finalizar siendo nombrado secretario de la Embajada de España en Londres. Más tarde pasó a América y fue Administrador General de Correos de las islas de Cuba y Santo Domingo. En el año 1.792, el rey quiso premiar sus servicios mediante el otorgamiento del título de Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III.

Otro Fuertes, don Pedro de Fuertes y Catalán, eligió la carrera de las armas, realizando sus estudios en la Academia de Artillería de Segovia. Durante su carrera militar, se distinguió en la guerra contra la República Francesa, hasta el punto que don Manuel Godoy, el Príncipe de la Paz, lo honrara con su amistad, citándolo como uno de los oficiales más aventajados de la época. Su salud muy quebrantada, fue la que le obligó a solicitar el retiro del Ejército, obteniendo la administración y dirección de las fábricas de salitre y pólvora de Sevilla. En 1.826, fue nombrado administrador de todas las rentas de la isla de Mallorca, pero falleció sin haber podido tomar posesión de su nuevo destino.

En lo que se refiere a aquellos miembros del apellido que pasaron a América, habrá que citar en primer lugar a Pedro de Fuertes, uno de los que acompañaron a Hernán Cortes en la conquista de Méjico. Fue uno de los capitanes que mostró su disconformidad con los procedimientos, un tanto brutales, de Alvarado en su trato con los nativos aztecas, lo que le llevó a una situación muy tirante con el antes citado conquistador. Depuesto, por Alvarado, de su graduación y mando, lo recobró merced a Cortés que, al enterarse, lo repuso en todas sus dignidades.

Durante la jornada conocida como la «Noche Triste», Pedro de Fuertes fue uno de los últimos que abandonaron la capital azteca, haciéndose cargo de la retaguardia de los soldados españoles, lo que le llevó a ser herido de gravedad. No obstante, en la memorable batalla de Otumba quiso participar, lo que agravó sus heridas hasta el punto que murió gloriosamente en el campo de combate.

Otro Fuertes, en este caso Diego de Fuertes y Vázquez de Prada, estuvo en la conquista de Chile, a las órdenes del Adelantado don Pedro de Valdivia, haciéndose notar no sólo por su valor, sino por su prudencia y diplomacia en el trato con los araucanos. Una vez pacificado el país Fuertes, contrajo matrimonio con una nativa, lo que dio lugar a una descendencia hispano-araucana, establecida en la ciudad de Santiago. De ella descienden muchos de los apellidados Fuertes en aquella República andina.

Por último, se tiene memoria de Gonzalo Fuertes de la Quintana, valeroso capitán que combatió en Italia bajo el emperador Carlos V y más tarde, reinando don Felipe II, hizo lo propio en la memorable batalla de San Quintín donde se hizo notar por su valor y gallardía en la lucha. De regreso a España, contrajo matrimonio con doña Ana de Varcárcel Saavedra, estableciéndose en la ciudad de Valladolid, donde dejó descendencia.

Como armas, los de este linaje, traen: Escudo de plata y un castillo de tres torres. A la puerta del castillo centinela armado de todas su armas. Encima del castillo, aislada en el campo del escudo, cruz de gules dentro de un círculo del mismo color.